sábado, 17 de maio de 2008

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12 de Mayo de 2008, Moscu

A los partidos comunistas y obreros

Estimados camaradas:

El Programa del PCFR que está vigente fue aprobado en el III congreso del partido en enero de 1995. Sus principales tesis han pasado la prueba del tiempo. Mas en los años transcurridos ha cambiado sustancialmente la situación en el país y en el mundo entero. En la actualidad el anteproyecto de la nueva redacción del Programa publicado por la prensa partidista es objeto de amplio debate en las células de base. Planificamos que se apruebe en el XIII congreso del PCFR por celebrarse en noviembre de 2008.

Les enviamos el documento en cuestión para informarles y agradeceríamos sus consideraciones al respecto.

Fraternalmente,

Presídium del CC del PCFR

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PROGRAMA del Partido Comunista de la Federación de Rusia

(Anteproyecto de la nueva redacción basada en la síntesis de propuestas que recibió la Comisión para documentos programáticos del PCFR)

Rusia está dando un viraje brusco en su evolución. Por medio del embuste y la violencia, el actual régimen gobernante logró que nuestra Patria retornara a la senda capitalista. La máquina estatal es expresión de intereses y voluntad del gran capital; los oligarcas y el funcionariado corrupto se hicieron con el mando en la política y la economía. Se está creando una forma singular del capitalismo estatal correspondiente al período de restauración capitalista. Éste es el camino de la reacción política, la catástrofe nacional y el hundimiento de la civilización rusa.

El país atraviesa por una brutal crisis sistémica. La restauración del capitalismo de tipo periférico se vio acompañada por la brusca caída en el volumen de la producción industrial y agraria, el decaimiento de la ciencia y la cultura. Hasta el momento se mantiene un retraso respecto al nivel económico del período soviético. Disminuye el número de habitantes, agravándose su empobrecimiento. Las elecciones a los organismos de poder se vuelven cada vez más un ajuste del número de votantes y del resultado de la votación a los parámetros preestablecidos. No se extinguen conflictos interétnicos. La Federación de Rusia puede repetir el destino de la desaparecida Unión Soviética. Se torna objeto del nuevo reparto del mundo, apéndice suministrador de materias primas a los países industrializados.

Se ahonda el precipicio entre los ricos y los pobres, se les priva a los trabajadores de gran parte de sus derechos socioeconómicos y civiles, se ha producido una proletarización de la mayoría de la población. Las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital, entre la clase de nuevos ricachones y el grueso del pueblo trabajador se han hecho antagónicas. Aumentan las contradicciones entre regiones, entre la ciudad y el campo. La humillación que sufren los oprimidos y desprotegidos se mezcla con el dolor que por el honor de la potencia mancillada sienten los patriotas. En las masas populares crecen la indignación y la oposición al régimen gobernante. Estrechan sus filas las fuerzas patriótico-populares y las de liberación social y nacional.

El Partido Comunista de la Federación de Rusia es la única organización política en el país que libra una lucha consecuente por los intereses de los asalariados. Considera que su misión consiste en aglutinar el movimiento social-clasista y el de liberación nacional, formando una resistencia de masas con sentido de finalidad. El Partido lucha por reincorporar el país a la vía socialista de desarrollo, lucha por su unidad e integridad, por su soberanía, por el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos, por la salud física y moral del pueblo.

Nuestras metas básicas son:

- la soberanía del pueblo, es decir, el poder ejercido por la mayoría trabajadora agrupada a través de los Soviets u otras formas de autogestión popular;

- la propiedad pública sobre la tierra, los recursos naturales, los principales medios de producción;

- una vida digna para la gente; la justicia social que supone el derecho garantizado al trabajo y su debida remuneración, a la educación y la asistencia médica gratuitas al alcance de todos, a la vivienda confortable, al ocio, a la asistencia prestada a la familia, a los niños y los veteranos;

- la igualdad social basada en la emancipación del trabajo, en liquidar la explotación del hombre por el hombre y todo tipo de parasitismo social;

- el patriotismo, el respeto por la historia y la cultura, por las tradiciones del país, iguales derechos para las nacionalidades, la amistad entre los pueblos, la unidad de principios patrióticos e internacionalistas;

- la responsabilidad que tiene el ciudadano ante la sociedad y la sociedad ante el hombre, la unidad de derechos y obligaciones del individuo;

- el socialismo en sus formas renovadas que correspondan al nivel actual de las fuerzas productivas y signifiquen una alta calidad de vida y condiciones propicias para el desarrollo de la personalidad;

- el comunismo en tanto que futuro histórico de la humanidad.

El desarrollo social constituye una unidad de formas evolutivas y revolucionarias. Los comunistas procuramos aprovechar cualesquiera de ellas en interés del pueblo trabajador. El PCFR opta por la transición pacífica al socialismo. Al mismo tiempo, según reza la Declaración Universal de los Derechos Humanos que aprobó la Asamblea General de la ONU, las autoridades deben velar por las necesidades de la gente “a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Al definir sus objetivos programáticos, la estrategia y la táctica de la lucha, el Partido Comunista de la Federación de Rusia se basa en el análisis de la praxis socio-política, se guía por la doctrina marxista-leninista en constante evolución, por la dialéctica materialista, valiéndose de la experiencia y los logros que han acumulado la ciencia y la cultura nacionales y mundiales.

1. Rusia y contemporaneidad

Al evaluar la situación actual los comunistas rusos partimos de la premisa de que el debate substancial entre el capitalismo y el socialismo, bajo cuyo signo transcurrió el siglo XX, no ha terminado.

El capitalismo que domina hoy en día la mayor parte del globo terráqueo, representa un tipo de sociedad en que la producción material e intelectual está supeditada a las leyes del mercado que busca la máxima ganancia y acumula el capital tendente al incremento ilimitado. Todo se torna mercancía. La única medida de cosas y relaciones humanas es el dinero, lo cual determina el carácter derrochador del capitalismo. El modo de producción capitalista significa la explotación total del hombre y de los recursos naturales sin tomar en consideración los costes sociales y los efectos perniciosos que para la vida de las generaciones venideras y el medio ambiente tiene la misma.

A comienzos del siglo XX el proceso de concentración y centralización del capital desembocó en la constitución de grandes alianzas monopolistas, en la fusión del capital financiero con el industrial y la exportación intensiva de los capitales a los países subdesarrollados. Una encarnizada lucha por el reparto del mundo había provocado dos guerras mundiales con incontables víctimas humanas.

En la segunda mitad del siglo XX, enriquecidos a cuenta de guerras y nuevos y sofisticados métodos de colonización, especulaciones financieras, así como una bárbara explotación de recursos materiales, humanos e intelectuales de una gran parte del planeta, un grupo de países capitalistas industrializados, los “mil millones dorados” (el “Primer Mundo”), entraron en la fase de “sociedad de consumo”. En tal sociedad el consumo de función natural se convierte en un nuevo “deber sagrado” del individuo, de cuyo cumplimiento diligente depende su status social. De hecho, es una forma de coacción para el trabajo superintensivo, un modo más nuevo de existencia del capital que encuentra una fuente de ganancias en la constante formación y modificación de los gustos del consumidor por medio de publicidad u otras formas de presión sicológica. El individualismo cultivado conduce inevitablemente a la deformación y degradación de la personalidad.

Las contradicciones entre el trabajo y el capital han rebosado las fronteras estatales de los países industrializados y han adquirido carácter global. El capitalismo moderno ha agudizado considerablemente los problemas ecológicos, demográficos y nacionales, crece la desproporción entre el nivel de vida de los “mil millones dorados” y el resto de la población del planeta.

El capitalismo mantiene su naturaleza infrahumana. Tras el desmoronamiento de la Unión Soviética advino una época peligrosa e inestable en extremo. Es la época del reparto global del mundo, de la redistribución de las esferas de influencia económica, política y militar, de la lucha cada vez más dura por el liderazgo mundial y por el control sobre los recursos naturales de la Tierra. Surgió una real amenaza de la dictadura por parte de EE.UU. y la OTAN. La nueva estructura del mundo le asegura al capitalismo una relativa estabilidad, hace posible que debilite al movimiento obrero, aplaque conflictos sociales en algunos países convirtiéndolos en conflictos entre los Estados.

El mantenimiento del capitalismo como sistema predominante amenaza con agotar en breve los principales recursos naturales. Éste está arruinando la vida de la humanidad con nuevas guerras locales y mundiales, el reajuste de las fronteras, las catástrofes tecnológicas y el decaimiento cultural y espiritual.

La vía socialista de desarrollo es la opción más válida que corresponde a los intereses de Rusia. De tal manera el socialismo como doctrina, como movimiento de masas y sistema social, va cobrando el segundo aliento. Sólo el socialismo permitirá superar la explotación del hombre por el hombre, el carácter derrochador de la producción y el consumo capitalistas. Las reformas conducirán a un nuevo cambio cualitativo en la producción. La ciencia se convertirá en una fuerza productiva directa.

La socialización de la producción es la base material del avance inminente del socialismo. La médula de las transformaciones es el hombre trabajador. El progreso tecnocientífico crea premisas para renovar de raíz –cualitativa y estructuralmente– a la clase obrera urbana y rural. Una parte considerable de científicos, ingenieros y técnicos engrosarán cada vez más las filas de la clase obrera.

A consecuencia de esos procesos se está formando la vanguardia, el núcleo de la moderna clase obrera. Los comunistas consideramos que nuestra base social la constutuye una renovada comunidad trabajadora. Es a los trabajadores a quienes dirigimos en primer lugar nuestras ideas para contribuir a que tomen conciencia y materialicen sus intereses a escala nacional e internacional. Esta fuerza social de vanguardia está llamada a decidir tanto el destino de Rusia, como el de la civilización humana.

2. Enseñanzas de la historia rusa y vías para salvar a la Patria

Al enjuiciar las leyes que en su desarrollo siguió la humanidad a comienzos del siglo XXI, el PCFR se basa en que cada pueblo y cada país deben ponerlas en práctica teniendo en cuenta sus propias peculiaridades y su experiencia histórica. La tesis es válida en toda su plenitud para nuestra Patria también. Rusia ha hecho un aporte singular en el desarrollo de la humanidad debido al trabajo abnegado y la gesta de sus pueblos, a la originalidad de la conciencia social, al fervor espiritual de sus grandes escritores, músicos y pintores, científicos e ingenieros, a las proezas de generaciones de patriotas y revolucionarios rusos.

La historia rusa comprueba con evidencia que las revoluciones juegan el papel de locomotoras de la historia. Sin las guerras campesinas de Razin y Pugachiov, sin la insurrección de los decembristas, sin la labor de Guerzen y Chernishevski no habría caido el régimen de servidumbre.

El futuro de Rusia sólo puede erigirse sobre sólido fundamento de sus tradiciones constructivas y continuidad histórica. A causa del complicado entramado de situación geopolítica y circunstancias nacionales y económicas, Rusia se ha convertido en portadora de una tradición cultural y ética autóctona. Sus valores más preciados son el régimen comunal, el colectivismo, el patriotismo, la interrelación muy estrecha entre la personalidad, la sociedad y el Estado, el insaciable afán por plasmar los supremos ideales de la verdad, el bien y la justicia, la igualdad de todos los ciudadanos sin importar las diferencias nacionales, religiosas y de otra índole. Precisamente estas cualidades sirvieron de importante premisa para que las masas asimilaran las ideas socialistas.

En el siglo XX la creatividad revolucionaria de las masas había engendrado instituciones sociales y públicas sin precedentes en la historia como Soviets de diputados trabajadores y Federación multiétnica soviética. Éstas garantizaron el cumplimiento de los derechos del hombre al trabajo, a la enseñanza y la asistencia médica gratuitas, al ocio, vivienda, asimilación de los máximos logros de la cultura patria y mundial. El sistema soviético de instrucción y educación hizo posible el florecimiento de la ciencia y la creación artística, la salida del hombre al espacio cósmico, el dominio de la energía atómica con fines pacíficos: sirvió de ejemplo al mundo entero.

En tanto que Estado y sistema social, la Unión Soviética constituía una unidad inquebrantable. Los detractores por dentro y los enemigos desde fuera centran sus esfuerzos en desacreditar el periódo soviético en el desarrollo del país. Por lo tanto los vituperadores del socialismo desempeñan el papel de sepultureros de la gran potencia. De ahí que el renacimiento de la estatalidad soviética y el retorno a la senda socialista sean indivisibles. La historia ha vuelto a situar a los pueblos de nuestra Patria ante la misma disyuntiva que en los años 1917 y 1941: bien una gran potencia y el socialismo o bien la sucesiva demolición del país y su transformación en una colonia.

Un asunto candente es el problema ruso. En la actualidad los rusos son el mayor pueblo desperdigado del planeta. Se practica un manifiesto genocidio del gran pueblo. El número de rusos disminuye en casi un millón de año en año. En esencia la solución del problema ruso coincide con la tarea de luchar por el socialismo.

Para Rusia la Gran Revolución Socialista de Octubre supuso su única oportunidad real de sobrevivir como nación y Estado en un ambiente de bancarrota militar, política y económica, desintegración del país y absoluta incapacidad del régimen de terratenientes y burguesía que ostentaba el poder. No obstante la necesidad de “consumar” la resolución de los problemas económicos y sociales a los que no había podido dar término la Rusia capitalista, dejó su huella en el carácter adquirido por el Estado soviético y la sociedad en su conjunto. Por un lado, quedó instaurado el poder de la mayoría trabajadora, se dio el paso a la gestión planificada de la economía nacional sobre el fundamento de la propiedad pública. En un plazo histórico bien corto en la URSS, sobre la base industrial, se logró un nivel de fuerzas productivas cualitativamente nuevo. Se formó el complejo económico único que se sustentaba con una división del trabajo nueva en principio. El “milagro ruso” inspiraba respeto merecido en los pueblos del mundo mostrando el gigantesco potencial del régimen social socialista. Los soviéticos erradicaron el desempleo, fueron artífices de increíbles conquistas sociales, supieron llevar a efecto la revolución cultural. El cariz que habían tomado los acontecimientos manifestaba la corrección del rumbo que a la construcción del socialismo en un solo país había tomado el Partido.

Por otro lado, pese a extraordinarios éxitos en el desarrollo tecnocientífico, el país no había alcanzado aún la productividad del trabajo propia de los países industrializados. De modo que faltaba mucho por cumplir la tarea de creación de las fuerzas productivas correspondientes al modo de producción socialista.

Entretanto sobre Rusia pendía una amenaza imperialista externa que requería una respuesta urgente y decidida. En un plazo histórico brevísimo, usando los recursos de la economía movilizada, se llevó a la práctica la industrialización que en los países capitalistas había ocupado toda una época. Con ritmos acelerados se efectuó la colectivización de la agricultura. Liquidado el analfabetismo de las masas, la sociedad ascendió al nivel cultural cualitativamente nuevo.

Sin embargo, el desarrollo pacífico de la URSS se vio truncado por la pérfida agresión de la Alemania fascista. La guerra segó millones de vidas, acarreó colosales destrucciones en la economía. La victoria del pueblo soviético en la Gran Guerra Patria, así como exitosa reconstrucción de la economía nacional, volvieron a manifestar las ventajas históricas que tiene la vía de desarrollo socialista. Mas la economía movilizada implicaba también una centralización al máximo rigurosa, así como estatalización de muchos sectores de la vida social. No se logró adecuar a tiempo la máquina administrativa a las necesidades de las fuerzas productivas en desarrollo. Aumentaba el burocratismo. Como consecuencia de todo lo expuesto se vieron limitadas la iniciativa y la autoorganización del pueblo, no se aprovechaban debidamente la energía social y el espíritu emprendedor de los trabajadores.

Cuando se planteó la necesidad de fomentar el socialismo sobre su base propia, las tareas de edificación socio-económica y de formación cultural se interpretaron esquemáticamente adelantándose a la situación, lo cual quedó reflejado con nitidez en el tercer Programa del PCUS aprobado en 1961. El lema en principio justo de “satisfacer íntegramente las necesidades acrecentadas de los trabajadores sobre el fundamento de la revolución tecnocientífica” no se había plasmado, ni tampoco fue posible enlazar los adelantos de la revolución tecnocientífica con el potencial que encerraba el socialismo.

El desarrollo socialista de hecho, y no desde el punto de vista jurídico-formal, buscaba socializar la producción; asegurar una nueva calidad de vida para el pueblo, superior en comparación con el capitalismo, y fomentar las fuerzas productivas; pasar sobre esta base a la autogestión de las colectividades laborales; valerse de motivos e incentivos más elevados y eficaces en el trabajo; crear condiciones para el desenvolvimiento libre del hombre.

En gran parte quedaba deformado uno de los principios fundamentales del socialismo “De cada cual, según sus capacidades, a cada cual, según su trabajo”. Muchos no se sentían propietarios de lo que producían. Como el Estado socialista se ocupaba de todos los sectores de la vida social, veían con mucha seguridad el futuro; al mismo tiempo, en grupos numerosos de los conciudadanos ello generaba pasividad y gorronería sociales.

Los soviéticos se daban cuenta de que era necesario remozar el socialismo, pasar de sus primeras formas a las más maduras, propias de la naturaleza genuinamente democrática, creativa de la sociedad en que vivían. Mas con frecuencia los dirigentes del PCUS tardaban mucho en tomar las decisiones. En gran medida la crisis por la que atravesaba la sociedad soviética se debía a la crisis en el partido que largas décadas se mantuvo en el poder. En éste coexistían tendencias contrarias: proletarias y pequeñoburguesas, democráticas y burocráticas, patrióticas y cosmopolitas. Según advertía V.I. Lenin, al partido gobernante se le pegan no pocos seudorrevolucionarios y arribistas sin ideología. Los portadores de la ideología pequeñoburguesa han sido siempre sobremanera peligrosos para el socialismo. Para ellos el país y la propiedad pública no eran más que “botín” de que había que apropiarse para luego repartir entre ellos. A menudo procuraban encubrir sus aspiraciones con falsa interpretación trotskista del deber internacionalista que afrontaba la Rusia Soviética. Los trotskistas incitaban a que la flamante república se convirtiera en plaza de armas para exportar la revolución, en material inflamable para avivar el “incendio mundial”. En la actualidad las mismas pretensiones se visten con otro ropaje, bajo el lema del “retorno al seno de la civilización mundial”.

Al subestimar influencias pequeñoburguesas y monopolizar el poder y la ideología, una parte sustancial de líderes del partido con su complacencia infundada y su apostasía, sumó al PCUS en la condición de “partido ufano”. Iba profundizándose el abismo entre la élite dirigente y millones de comunistas, los trabajadores.

De hecho dentro del PCUS no cesaba la lucha en cuyo fragor fue cristalizándose la línea política a seguir en la práctica. Sin tomarlo en consideración no se conciben en su justa dimensión tales contradicciones de la historia patria como coexistencia del entusiasmo constructivo de las masas, incitado por el partido, con las violaciones de la legalidad socialista y las represalias de los años 30 y 40.

Como consecuencia del afán por multiplicar la militancia y de la ausencia del mecanismo de revocabilidad y rejuvenecimiento sistemáticos de los cuadros dirigentes, la parte más políticamente madura no supo defender el derecho de los comunistas a controlar la dirección del partido y evitar la infiltración creciente en la misma de los arribistas.

No obstante la lucha por el curso leninista, por el socialismo auténtico nunca se interrumpió. La URSS avanzaba, crecían su poder y su prestigio en el campo internacional.

Mientras tanto una parte de dirigentes desmoralizados e ineptos supo aprovecharse por dolo del empeño de los comunistas seguidores de Lenin en efectuar reformas que requería el país y alcanzar nuevas metas con sus fines antipopulares y anti Estado. De palabra se promulgaba con fariseísmo la igualdad de todas las formas de la propiedad. Pero de hecho socavaban por todos los medios el papel de la propiedad social. Se desvirtuaba la esencia de la cooperación y el papel de las colectividades laborales.

Los medios de comunicación social fueron entregados deliberadamente a los adeptos de la ideología burguesa. Valiéndose de métodos de la guerra sicológica, éstos hicieron llover sobre la conciencia de masas un torrente de calumnias contra la historia rusa y soviética, dejaron las manos libres al “capital sumergido”, a los nacional-arribistas, a las fuerzas antipopulares que se habían levantado contra el socialismo, contra el poder soviético, contra el Estado federal único.

La corrupta élite política que manejaba el poder se aventuró a usurpar la propiedad del pueblo. Al tropezar en su actuación con la oposición de los militantes honrados, los renegados prohibieron la actividad de los comunistas en las colectividades laborales de las empresas e instituciones públicas para luego, en agosto-noviembre de 1991, realizar un golpe contrarrevolucionario e intentar la ilegalización definitiva del partido comunista.

En remate ignominioso de estas fechorías se constituyó el complot de Belovézhskaya Puscha, a raíz del cual asumieron el poder los manifiestos traidores de nuestra Patria. Fue un burdo pisoteo de la sagrada voluntad del pueblo, de su deseo de susbsistir en el marco del Estado único que había puesto en evidencia el Referendo Nacional del 17 de marzo de 1991.

El sangriento octubre de 1993 fue un paso más por el camino de la desmembración del país. La masacre del Congreso de diputados del pueblo y del Soviet Supremo sirvió de prólogo para colar por la fuerza una constitución antipopular e instaurar una autocracia presidencial. De modo que cobraba fuerza la advertencia que había hecho I.V. Stalin quien afirmaba que en el transcurso de la construcción socialista la resistencia de las fuerzas hostiles, lejos de extinguirse, a menudo tomaba formas más encarnizadas y anormales.

La restauración del capitalismo dio lugar a la explotación del hombre por el hombre y acabó en una acentuada escisión de la sociedad. Uno de los polos lo ocupa la llamada clase de “propietarios estratégicos” que se basa en el capital especulativo bancario y está estrechamente vinculada al Occidente. El mismo carácter comprador es propio del capital que explota materias primas destinadas a la exportaión. Entretanto el capital nacional orientado a la restauración de la economía nacional, sin que pierda por eso su esencia de clase, a duras penas puede resistir tanto la competencia en el mercado exterior como en el interno. En otro polo se encuentra la inmensa masa de trabajadores asalariados desunidos y empobrecidos que se sienten amenazados por el desempleo y no están seguros de su futuro. La proletarización de la mayoría de nuestros compatriotas se ve acompañada por la estratificación social. Los recientes obreros, empleados y profesionales que buscan ganar su subsistencia, engrosan las filas de la pequeña burguesía. Continúa la pauperización absoluta de una parte considerable de la población, de los veteranos del trabajo. Los niños sin hogar suman ya varios millones. Está creciendo la capa de sujetos desclasados.

Se ha consolidado en el país el régimen de traición nacional que arruina la economía nacional, la espiritualidad, el sistema estatal, la capacidad defensiva del país. Rusia se convierte en apéndice suministrador de materias primas al capital mundial.

Los comunistas rusos apelamos, en primer lugar, a los que con su trabajo cotidiano crean valores materiales e intelectuales, a los que prestan servicios a la población.

A nuestro juicio, las fuerzas socialistas no están doblegadas. Rusia puede y debe salir airosa de esta crisis. Según muestra la experiencia histórica, nuestra Patria sólo había hecho progresos cuando todos los trabajadores y el pueblo entero tomaban conciencia de sus intereses medulares y cerraban filas para defenderlos.

El PCFR ve su misión en contribuir máximamente a este proceso. Es indispensable:

- encabezar la resistencia popular a la forzosa restauración del capitalismo en el país;

- apartar del poder a la burguesía compradora de talante mafioso, al instaurar el poder de los trabajadores, de las fuerzas patriótico-populares;

- llevar a efecto la nacionalización y restituir la propiedad pública sobre materias primas y principales medios de producción (entre otras, empresas energéticas y productoras de combustibles, industrias de guerra, vías férreas);

- dar pasos para que la crisis económica sea superada debido al control que sobre principales áreas de la gestión económica ejercerá el Estado de los trabajadores;

- tomar medidas eficaces para reducir el índice de mortalidad, incentivar los nacimientos y aumentar la esperanza de vida;

- elevar sustancialmente el bienestar de los trabajadores;

- luchar con decisión contra la delincuencia garantizando la seguridad y la protección al individuo y a la sociedad en su conjunto;

- reconstituir el potencial industrial y científico, el complejo militar y las Fuerzas Armadas con tal de que correspondan a los requerimientos de una sólida seguridad nacional;

- defender la integridad territorial de Rusia, restituir una renovada Unión de pueblos soviéticos, asegurar la unidad nacional del pueblo ruso y otros pueblos de la URSS;

- reforzar la soberanía política y la independencia económica al recuperar las posiciones que por tradición ocupaba el país.

Según el PCFR, la tarea consiste en activar la lucha nacional-liberadora del pueblo ruso. Para librarla contamos con aliados reales y potenciales. Son partidos políticos y alianzas sociales de tendencia socialista, así como movimientos patrióticos. Son también sindicatos independientes y organizaciones obreras, campesinas, femeninas, veteranas, juveniles, divulgativas, de artistas, ecológicas, antiglobalistas y otras de índole social.

Respetamos su derecho a tener sus propios pareceres y no imponemos los nuestros. Pero en el diálogo y la interacción con ellos no creemos necesario disimular nuestra convicción de que hoy por hoy defender los intereses nacionales de Rusia significa luchar contra el avasallamiento colonial y la reacción, por el socialismo y las formas soviéticas de la soberanía del pueblo. No cabe duda: la vida corroborará que tenemos razón.

El partido contempla tres etapas para lograr paso a paso sus metas.

La primera es de todas las fuerzas democráticas. Lo fundamental en esa etapa es instaurar el poder demócrata-revolucionario de los trabajadores, del conjunto de fuerzas patrióticas, antiimperialistas y antioligárquicas con el PCFR al frente. Los comunistas organizamos a los trabajadores para la defensa de sus intereses sociales, económicos y políticos, lideramos los pronunciamientos de masas en pro de sus derechos.

El PCFR velará por recuperar y fomentar la democracia en la base: entre otros, en los Soviets locales de diputados populares, asambleas de colectividades laborales, comités de autogestión, autoorganización y autodefensa. Los comunistas apoyamos la necesidad del control por parte de los trabajadores sobre los poderes ejecutivo y representativo.

Hará falta normalizar la autogestión de las colectividades laborales, promover la creación de cooperativas, de empresas populares basadas en la propiedad colectiva cuyas ganancias se distribuirán conforme el rendimiento de cada uno.

El partido junto con sus aliados garantizará la formación del Gobierno de confianza popular que protegerá los intereses de la nación. Se verá obligado a remediar las desastrosas secuelas de las “reformas”, a parar la recesión y a rehabilitar los esenciales derechos socio-económicos de los trabajadores. Estará llamado a devolverle al pueblo y a tomar bajo el control del Estado la propiedad sobre los medios de producción básicos que fue usurpada ilegalmente en contra de los intereses de la nación. La renacionalización constituirá un sólido fundamento para seguir con las transformaciones. Se pondrá fin al saqueo de pequeños y medianos productores por burócratas y grupos mafiosos. El Código Laboral será enmendado en aras de proteger los derechos de los trabajadores y de sus sindicatos.

Los organismos representativos del poder y el Gobierno asumirán la responsabilidad por la seguridad y la independencia del país, impedirán que los autores del “nuevo orden mundial” acaparen las riquezas naturales y la base productiva de Rusia. El PCFR contribuirá por todos los medios a la reintegración económica y política de las repúblicas de la Unión Soviética desmembrada de una manera delictuosa.

En la segunda etapa, la reconstructiva, tras alcanzar una relativa estabilidad política y económica, el PCFR adoptará medidas necesarias para asegurar al máximo la participación cada vez más amplia de los trabajadores en la administración de todos los asuntos del Estado por medio de los Soviets, los sindicatos, la autogestión obrera y otros organismos de democracia directa que ha surtido la vida. Se hará patente el papel rector que en la gestión económica jugarán las formas socialistas que social, estructural, orgánica y técnicamente son más idóneas para viabilizar el bienestar popular. Al mismo tiempo en esa etapa convivirán varios regímenes económicos debido al nivel de las fuerzas productivas. Al tomar en sus manos los recursos naturales y los sectores estratégicos de producción, el Estado planeará los principales índices de desarrollo de la economía nacional, formará el presupuesto muy superior al actual y será el comprador más grande de los productos nacionales. El poder popular, a través de mecanismos mercantiles y planificadores, valiéndose de novísimos sistemas de información, reglamentará el fomento de la economía y del ámbito social. La producción agraria contará con el apoyo del Estado; se eliminarán las mentadas “horquillas de precios”, se pondrá fin al saqueo de los trabajadores del campo. El partido considera que grandes empresas agrícolas en que convergirán la producción, la transformación y la venta del producto, servirán de fundamento para la reconstitución del mismo. Crecerá continuamente el nivel de vida del pueblo trabajador.

En la tercera etapa quedarán definitivamente conformadas las relaciones socialistas sobre una base económica correspondiente a las exigencias del desarrollo socialista. Dominarán formas sociales de propiedad sobre los esenciales medios de producción. A medida que aumente el nivel de socialización real del trabajo y la producción, irá afianzándose el papel decisivo que éstas desempeñan en la economía. Se satisfarán cada vez con mayor plenitud las necesidades del hombre. El supremo poder facilitará el progreso acelerado de la ciencia y la técnica, así como el florecimiento de la educación y la cultura.

El socialismo íntegro, en palabras de V.I. Lenin, lo concebimos como una sociedad sin clases, libre de explotación del hombre por el hombre, que distribuye los bienes de acuerdo con la cantidad, la calidad y los resultados del trabajo. Es una sociedad en que la alta productividad del trabajo y la eficacia de la producción se consiguen gracias a la planificación y gestión científicas, usando tecnologías posindustriales ahorrativas de recursos. Es una sociedad de auténtica democracia y amplia cultura espiritual que estimula la creatividad del individuo y la autogestión de los trabajadores.

El socialismo cimienta y cultiva las premisas para la futura asociación comunista en que el libre desarrollo de cada uno es condición del libre desarrollo de los demás.

3. Programa mínimo

El programa mínimo estipula medidas de primer orden encaminadas a alcanzar los objetivos estratégicos del partido. El PCFR se da cuenta de que la estabilidad socio-económica y política es inaccesible bajo el régimen antipopular existente. De ahí que crea que sus tareas básicas consisten en luchar por todos los medios por:

- cambiar el rumbo político y socio-económico del país;

- recuperar la renta natural en tanto que bien público, aprovechándola para vencer la pobreza y elevar el bienestar del pueblo;

- suprimir la propiedad privada sobre la tierra, así como su compraventa, poner en la práctica el principio “la tierra pertenece al pueblo y a cuantos la cultivan”;

- devolver a Rusia los bienes del Fondo de Estabilización y utilizar estos recursos, igual que las reservas en divisas y en oro, en aras del crecimiento económico y la resolución de los problemas sociales;

- restablecer exenciones sociales del período soviético, asegurar un ingreso mínimo vital científicamente fundamentado a todos los sectores de la población, liquidar el desempleo;

- transformar la república presidencialista en una de tipo soviético, extender los derechos de que gozan los organismos representativos para controlar el Gobierno y el aparato ejecutivo en su conjunto;

- garantizar la representación máxima posible de los trabajadores en los organismos del poder y los de autogestión de distintos niveles, proteger los derechos de las colectividades laborales, crear condiciones para que los ciudadanos se autoorganicen y muestren su iniciativa;

- democratizar el sistema electoral, impedir tajantemente que los hombres de dinero y las palancas administrativas influyan en las elecciones, disponer las reglas conforme a las cuales a los diputados de los organismos representativos, incluidos los miembros del Consejo de la Federación, los elegirán en directo los ciudadanos;

- refrendar en la legislación el principio de incompatibilidad del mandato de diputado y del cargo público con la actividad empresarial, prever para los votantes la posibilidad de revocar al diputado;

- aprobar una nueva Constitución de la Federación de Rusia tras su extenso debate por el pueblo;

- poner fin a fratricidas conflictos interétnicos, recobrar la amistad y la colaboración entre los pueblos, asegurar los intereses y la igualdad de derechos para representantes de todas las nacionalidades;

- reconstituir el potencial científico del país, crear condiciones favorables para la investigación, usar ampliamente tecnologías digitales, bio- y nanotecnologías, así como otros logros de la ciencia fundamental y aplicada, sostener los centros científicos existentes y construir los nuevos;

- no permitir que se denigren la historia rusa y soviética, la memoria y las enseñanzas de Carlos Marx, Federico Engels, V.I. Lenin, la obra de I.V. Stalin y demás dirigentes del Partido Comunista y del Estado soviético;

- garantizar los derechos de los trabajadores a una información verídica, a que cuantas fuerzas políticas actúen con arreglo de la ley, tengan un acceso equitativo a los medios de comunicación social;

- dar por delictivos los documentos firmados en Belovézhskaya Puscha, saltar la trágica ruptura entre los pueblos hermanos de la URSS y reunificar con carácter facultativo el Estado federal único.

El Partido seguirá utilizando variadas formas de lucha parlamentaria y extraparlamentaria, entre ellas, protestas de masas, huelgas y otras formas de resistencia civil al proceder antipopular de las autoridades que estipulan convenciones internacionales para derechos humanos.

Al tomar el poder en alianza con las fuerzas patriótico-populares, el partido se compromete a:

- formar un Gobierno de confianza popular defensor de los intereses nacionales sujeto a rendir cuentas de su gestión a los organismos del supremo poder;

- reconstituir los Soviets de diputados populares investidos del derecho a someter a su consideración y solucionar cualquier asunto de orden local o nacional;

- incorporar los organismos de autogestión local a la estructura del poder público, constituir el sistema único de organismos representativos y su interacción de abajo arriba y de arriba abajo;

- aumentar la eficiencia en la gestión pública, reducir el número de funcionarios, imponer un eficaz control de la producción y distribución, de las ganancias por parte de los trabajadores;

- tomar medidas extraordinarias de regulación estatal con tal de garantizar que incremente con estabilidad la producción, combatir la inflación y elevar el nivel de vida;

- lograr que el Estado controle los precios sobre los principales comestibles, servicios y artículos de primera necesidad;

- reimplantar el monopolio estatal sobre la producción de bebidas alcohólicas y de tabaco;

- propiciar el fomento de la pequeña y mediana empresa, suprimir toda barrera administrativa que lo estorbe, conceder créditos en condiciones favorables;

- restituir los derechos socio-económicos garantizados a los ciudadanos de Rusia al trabajo, al ocio, la vivienda, la educación y la asistencia médica gratuitas, así como a una vejez a cubierto de todas las necesidades;

- recuperar la responsabilidad de las autoridades por la administración de servicios comunales, aumentar la construcción de viviendas públicas;

- aplastar la delincuencia, endurecer las medidas represivas contra quienes roben la propiedad, consumen la corrupción, las especulaciones, el bandidaje, la dilapidación del subsuelo y de los recursos materiales e intelectuales del país;

- regenerar el prestigio del trabajo honesto, su enfoque creador, el respeto por las tradiciones comunales y colectivistas, por el idioma ruso y su cultura, por las lenguas y culturas de los pueblos de Rusia;

- asegurar que todos tengan acceso a los bienes culturales, no permitir que se comerсialice la cultura;

- acabar con la propagación de ánimos rusófobos, occidentalistas y la americanización, con el vandalismo histórico y el culto al lucro, la violencia y la inmoralidad, el egoísmo y el individualismo;

- elaborar y poner en la práctica una nueva estrategia de seguridad nacional, restituir el prestigio del servicio militar, refrendar por medio de la ley que es inadmisible usar las Fuerzas Armadas contra el pueblo ni formar un ejército mercenario de defensores y guardianes del capital;

- practicar una política exterior independiente que responda a los intereses nacionales y fortalezca el prestigio internacional del Estado ruso;

- rescindir todo tratado o acuerdo internacional que menoscabe los intereses y la dignidad de Rusia;

- implantar el monopolio público sobre comercio exterior con productos estratégicos, entre otros, materias primas, productos deficientes, limitando la exportación de los recursos naturales no renovables.

Siendo partido del pueblo trabajador, el PCFR luchará por:

- suprimir la delincuencia, tomar medidas necesarias para restringir, y luego desarraigar, toda forma de explotación del hombre por el hombre;

- seguir elevando con constancia el nivel de vida de la población, en especial, de categorías mal retribuidas, familias con hijos, veteranos, minusválidos y jubilados;

- llevar a efecto programas regionales y nacionales que busquen garantizar la ocupación, realizar un conjunto de actividades encaminadas a liquidar el desempleo;

- elaborar programas de apoyo público a productores ocupados en ramas concretas de la economía nacional, en primer lugar, en las vinculadas con la ciencia y altas tecnologías, practicar el proteccionismo con relación al productor nacional;

- reformar la política fiscal con tal de que se incentive la producción, se atraigan las inversiones, se recupere e incremente la eficacia de la explotación del suelo; combinar de modo racional los intereses de la Federación con los de territorios, empresas, establecimientos y ciudadanos;

- aprobar la Ley de la Tierra, conforme a la cual la tierra, en tanto que medio fundamental de producción, se torne patrimonio de todo el pueblo y se entregue en uso perpetuo a haciendas públicas, cooperativas, de campesinos y de granjeros, mientras que parcelas individuales anejas a la casa y las de horticultura las reciban los ciudadanos como objeto de exclusiva propiedad;

- asegurar una alta eficacia de la producción agroindustrial al perfeccionar las relaciones económicas, al fundar grandes empresas agrarias y aprovechar al máximo los adelantos de la ciencia moderna y las novísimas tecnologías, afianzando así la base material y técnica de la agricultura;

- luchar por que el Estado preste continuamente ayuda financiera, material y técnica a sus agrarios, sin que importen formas de su organización y de propiedad, por que el intercambio de productos industriales y agrícolas sea equivalente;

- lograr que los ingresos de los agrarios se equiparen con los de los trabajadores ocupados en la esfera de servicios a la agricultura y en la industria;

- desarrollar una infraestructura moderna del agro, la construcción de viviendas y caminos, de servicios comunitarios.

Como partido de justicia social, el PCFR se plantea:

- hacer que los ingresos, al mismo tiempo que las pensiones, correspondan al ingreso mínimo vital científicamente fundamentado;

- implantar un impuesto progresivo sobre superbeneficios y artículos de lujo, al reducir simultáneamente el impuesto al trabajo y la producción;

- devolver a la población los ahorros incautados a raíz de la liberalización de precios en 1992, sobre la base de su valor real;